11/3/14

Opinión: ¿Protesta en los Barrios de Venezuela? ¡Claro que si!

“¿Qué c… es lo que está pasando allá delante?”, pregunta acalorado un joven que, al volante de su vehículo, lleva largo rato detenido en la autopista, en medio de una cola inexplicable. La respuesta se la da otro conductor que viene en sentido contrario, y que ya ha rebasado el origen del embotellamiento: “Tranquilo, chamo, que ahí te queda por lo menos una hora más. La tranca la tiene una gente del barrio que queda junto a la autopista. Están protestando porque tienen un mes sin agua”. La información no lleva alivio al angustiado ciudadano, ni lo impulsa a la solidaridad. Por el contrario, tan recalentado como el motor de su carro, se revuelve iracundo en el asiento y exclama: “¿Y qué culpa tengo yo de eso? ¡Sigan votando rojo! ¿Quién los manda, pues?”

LA INDIFERENCIA ES UN BUMERAN.
¿Le resulta familiar una escena como esta? ¡Es probable!: Según el Observatorio Venezolano de la Conflictividad Social, sólo en el año 2013 se produjeron en Venezuela 4.410 protestas populares, muchas de ellas protagonizados por ciudadanos pertenecientes a sectores descontentos de la base pro-oficialista. Estamos hablando de un promedio de 12 protestas DIARIAS, casi una cada dos horas, por motivos que van de la ineficiencia en los servicios públicos a la falta de vivienda, o de la denuncia de la inseguridad al reclamo concreto por promesas incumplidas. Casi todas estas protestas de las empobrecidas mayorías nacionales se dieron (y se dan…) en medio de la más absoluta indiferencia de otros sectores de la población, que -cuando por casualidad se topan en una calle o una autopista con tales manifestaciones- en lugar de salir a hermanarse con esos ciudadanos en lucha, ponen una cara que es una mezcla de fastidio y rechazo, y gritan a los manifestantes: “¡¿Porque no se van a protestar para Miraflores?!”… olvidando que estamos en un país donde la gente protesta no donde quiere sino donde puede.


UNA SOLA LUCHA
En el barrio no se puede protestar levantando las alcantarillas… porque aquí casi no hay alcantarillas; En el barrio no se puede protestar quemando basura… porque aquí desgraciadamente SIEMPRE se quema basura, algo cotidianamente dañino debido a la extrema precariedad del servicio del aseo urbano; En el barrio no se puede protestar amontonando escombros… porque no hace falta amontonarlos, pues aquí literalmente se vive entre escombros. En el barrio ni siquiera se puede ya protestar trancando las calles porque las calles no existen, la escasísima vialidad está permanentemente trancada con derrumbes, huecos y “fallas de borde”. Y, sin embargo, en el barrio se protesta. Todos los días. A cada rato. Desde hace años. Y esa protesta lamentablemente rebota en oídos sordos, tanto de los burócratas que tienen la obligación de dar respuesta a esos reclamos, como de los ciudadanos de otros sectores sociales que -aunque enfrentados, por sus valores y principios, al régimen ineficiente y corrupto- no han entendido o asumido aun la necesidad ética, social y política de construir UNA SOLA LUCHA de todos los agredidos, de todos los escarnecidos, de todos los humillados, de todos los ofendidos por el proyecto autoritario.

NOCHES DE TERROR, AÑOS DE ZOZOBRA…

Cuando en días recientes los grupos paramilitares y parapoliciales mal llamados “colectivos” han llegado a agredir ciudadanos y a causar destrozos en la propiedad pública y privada en sectores de los municipios Chacao, Sucre y Baruta, tales agresiones llamaron la atención nacional e internacional, y fotografías y videos que mostraron tales crímenes dieron la vuelta al mundo… Pero pocos recuerdan que esos mismos grupos paramilitares son los que TODOS LOS DIAS anulan en muchos barrios eso que en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela llaman el “Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia” y lo sustituyen por una norma mucho más simple: La Ley del Más Fuerte, del que tiene la ametralladora más potente y mayor impunidad para usarla.
 


Sí. Son esos son los grupos que en el oeste de Caracas pistola en mano han obligado a carniceros y otros comerciantes de la Avenida Sucre a vender a pérdida, previo cobro de vacuna; Son los que invaden edificios y locales comerciales; Son los que en sectores populares como La Marina, del Barrio El Observatorio en la Parroquia 23 de Enero han llevado a efecto “operaciones de castigo”, quemando decenas de motos, camiones, grúas, baleando vehículos y amenazando a los vecinos con “allanarles” los hogares. Son los que incluso se han dado el lujo de sitiar a plena luz del día la sede de la Policía Nacional Bolivariana en Catia, porque funcionarios de ese cuerpo tuvieron alguna vez el “atrevimiento” de detener a un integrante de esos grupos paramilitares portando ilegalmente un arma. Lo que para los habitantes de Chacao y Baruta han sido “noches de terror” ante la agresión de los grupos paramilitares, para los habitantes del oeste caraqueño han sido AÑOS de terror. Y sin embargo, repetimos, en los barrios se protesta. Siempre. Duro. Pagando un alto costo: ¡No esta demás recordar que la primera manifestación de calle contra la política oficial de las “expropiaciones” se produjo, precisamente, en Catia, en Nueva Caracas!

LA SALIDA DE “LA SALIDA”
¿Cuál es entonces la salida de “La Salida”? Lo repetiremos tantas veces como sea necesario: Hay que unir país, hay que unir pueblo con pueblo, pueblo opositor y pueblo chavista, pueblo que vive en urbanizaciones y que vive en barrios. Y para lograr avanzar en ese camino es indispensable superar la tentación de combatir violencia con violencia, no sólo porque el tablero de la violencia es EL UNICO donde el proyecto autoritario tiene ventaja, sino fundamentalmente porque la violencia aleja al pueblo de las calles. No se trata de “poner la otra mejilla”: Se trata de responder a la agresión -tanto de las fuerzas represivas como de los grupos paramilitares mal llamados “colectivos”- no con nuestras debilidades sin con nuestras fortalezas. Y la fortaleza de un pueblo en lucha es precisamente su movilización masiva, organizada y contundente en procura de objetivos claros.

Conectar ambos torrentes de descontento, protesta estudiantil y lucha popular, y conformar así un gigantesco movimiento social capaz de vencer en las calles, en las instituciones y hasta en las mesas electorales (porque cualquier “salida” de verdad a la crisis pasará inevitablemente por una consulta electoral) requiere también de un tiempo para construirlo, por lo que es indispensable superar la demagogia y el inmediatismo y asumir que no se trata aquí de escoger entre caminos “cortos” o “largos”, sino entre verdades y mentiras, entre espejismos y realidades. Siempre será más fácil levantar una barricada en Altamira que organizar una manifestación en el Oeste de Caracas, en el Sur de Valencia, en el Norte de Barquisimeto, en Los Tronconales de Barcelona o en Vista al Sol de San Félix. Pero ese, que es el camino de verdad, el camino de unir al país, sólo se hará corto si lo empezamos ya y lo transitamos con constancia y determinación.
¡Palante!

Declaración ante los eventos de Febrero-Marzo en Venezuela (El Libertario).


Ahora más que nunca: Autonomía, Autogestión, Acción Directa y Solidaridad

* Declaración ante los eventos de Febrero-Marzo 2014

Colectivo Editor de El Libertario e Individualidades Anarquistas

No había que ser un genio para pronosticar que la calamitosa situación económico-social venezolana, heredada tras 14 años de gobierno de Hugo Chávez y agravada en poco más de un año con Nicolás Maduro, estaba generando una presión conflictiva presta a estallar, especialmente cuando cesaron los desbocados incrementos del ingreso a cuenta del “oro negro” que sostuvieron hasta 3 o 4 años atrás la fantasía de un “socialismo petrolero”. Los recursos que entran siguen siendo muy abundantes, pero el despilfarro, la incapacidad, la corrupción y la voracidad de quienes gobiernan son aún mayores. Entre narcogenerales y otros rapaces con uniforme, altos burócratas que cubren todos los grados de la avidez a la nulidad, boliburgueses, bolichicos y demás beneficiarios de las bondades de CADIVI, la gruesa tajada de la castroburguesía, del Estado cubano y sus asesores en el terreno prestos a trampear, o los agentes de esas transnacionales que tan lucrativos réditos han obtenido en sus tratos con la “revolución bolivariana”, la olla debía reventar más temprano que tarde, con la población presenciando ese show desvergonzado en el poder y padeciendo a la vez lo peor en inseguridad, desabastecimiento, crisis de servicios públicos y la inflación más alta del mundo.

Solo el descaro obsceno de la propaganda oficial, más la ceguera – tarifada y/o cuasirreligiosa – de alguna izquierda autoritaria siempre presta de postrarse ante el Amado Líder de moda, han podido ver en ese cuadro que se ha agravado a ojos vistas el resultado de maquinaciones de cierto imperialismo que les cae mal (otros se presentan como “amigos”). Según este cuento absurdo, de 1999 hasta hoy, la economía venezolana ha sido manejada dentro de una brillante estrategia de construcción del socialismo, atención prioritaria e inmediata a las necesidades de los desposeídos, pulcritud en el manejo de fondos, y participación social masiva, activa y vigilante gracias a los órganos del “poder popular” y la “contraloría social”; siendo así, de haber algo que transitoriamente ande mal es por algún complot golpista de los yanquis y sus lacayos locales, pues en lo esencial las cosas nunca han ido mejor y el futuro por ese camino es absolutamente promisorio.

Pero desde febrero y con toda rudeza, la calle dice otra cosa porque la verdad del cuento es otra. Prácticamente en todos los centros urbanos importantes (y somos un país con poco más de 85 % de población urbana) ocurrieron protestas masivas que, contrario a lo que se ha dicho sobre “alborotos solo de burgueses y pequeño burgueses”, tienen un contenido social transversal donde hay personas de todas las condiciones, ya que de no ser así ¿cómo explicar lo multitudinario y la duración del proceso? Por lo demás, si bien en lo económico (crisis del capitalismo petrolero rentista y extractivista) está la motivación estructural del estallido, hay multiplicidad de causas para que unas y otras personas hayan salido y sigan saliendo a protestar, causas ciertamente potenciadas por la incapacidad patente de un gobierno que solo le resuelve a los “enchufados”, y ahora tal vez a menos de ellos porque menguan la producción y las divisas petroleras.

Es importante insistir en cuanto a que esta insurgencia colectiva ha sido y es básicamente espontánea, pues si bien hubo algunos que se la olfatearon para sacar provecho político (como Leopoldo López y su pequeño partido o María Corina Machado), de ellos puede decirse que, si bien han logrado figuración en los acontecimientos, no dirigen a lo que se ha desatado. Incluso, es clara la ruptura en el sector que antes respondía a las líneas que venían de la oposición electoral y su Mesa de Unidad Democrática, evidenciada en hechos como la reacción de rechazo de la multitud ante Henrique Capriles y otros de esos dirigentes en distintos eventos públicos durante estas jornadas. Vemos cierta correlación entre eso y lo que ocurre en el chavismo, donde una importante base electoral que en fidelidad a Chávez votó por Maduro hace un año -compromiso que la mayoría ratificó dando el triunfo al oficialismo en las regionales de diciembre-, ahora luce indiferente ante los agitados llamamientos para que exprese visiblemente su adhesión al gobierno, de modo que los escasos actos públicos oficialistas de fechas recientes no han sido ni la sombra de lo que era corriente ante lo que solía convocar Chávez. Tal inacción de la masa chavista (que Maduro ha pretendido romper con una histérica convocatoria para que se integre a la represión) plantea una de las interrogantes más significativas del momento actual, ya que de mantenerse o de romperse en uno u otro sentido resultaría determinante en lo que al final suceda con la actual coyuntura.

Represión desmedida ha sido la respuesta privilegiada y casi única que, hasta el momento de escribir estas líneas, ha dado el Estado venezolano. Al parecer no tenía otra, ni todavía la tiene, al menos para remplazarla como su opción principal. En primer lugar porque económicamente está embrollado en los vaivenes del capitalismo petrolero de un modo más claro que en cualquier otra coyuntura de los últimos 70 años; hay muchas menos posibilidades de ganar legitimidad y respaldo obsequiando migajas de la zanahoria rentista, así que solo queda repartir los palos de la Guardia Nacional “del Pueblo” y de los paramilitares con look cheguevariano de los “colectivos”. Ni que decir que esta vía ha traído costos inmediatos y riesgos a futuro: con los paracos “rojo-rojitos” tienen los mismos problemas que con una lata llena de gusanos, es fácil abrirla y soltarlos, la complicación viene para recogerlos y/o controlarlos. En cuanto a la GN y la impresión colectiva ante su faena de estos días, solo cabe decir que ha generado en Venezuela el florecimiento de un filón de propaganda, ánimo y conciencia antimilitarista que desde el anarquismo nos corresponderá de ahora en adelante impulsar - llevándolo más allá de la bipolaridad "el militar bueno y el malo" -, pues estamos contra la misma existencia de los aparatos castrenses como órganos de control y coerción social.

En segundo lugar, tras la experiencia de 2002, el chavismo quedó con la obsesión que el principal riesgo en cuanto a su salida del poder era por vía del golpe de Estado, por lo que preparó sus mecanismos de respuesta para ello. El énfasis en armar, entrenar y coordinar a los paramilitares viene en esa línea; también la insistencia propagandística: primero hablando del “golpe económico”, luego del “golpe en proceso”, ahora del “golpe lento”, todo lo cual tiene un desmentido ridículamente paradójico cuando, en medio de esos supuestos golpes, ese gobierno-víctima extiende las fechas libres de Carnaval y llama a su celebración. Así mismo, ese libreto tan trabajado y bien aprendido exigía presentar al eventual adversario como inequívocamente fascista y enfrentado a las mayorías populares, lo que por un lado galvanizaría el apoyo explícito al régimen por parte de amplios sectores de la colectividad, mientras por el otro ganaría apoyos importantes en lo internacional. Pero al final los hechos, su secuencia y - no menos importante - la torpe actuación de Nicolás Maduro y su comparsa, han hecho que el aspecto represivo sea el que destaque, con el consiguiente deterioro de la credibilidad política del régimen, que sigue invocando al Lobo Feroz de una asonada militar que nadie ve, huele o siente. Pasan días y semanas sin verse la menor prueba o evidencia, salvo chismes y rumores, de una acción armada e inconstitucional de envergadura destinada a desplazarlo del mando (¡pues de eso se trata un golpe de Estado!), mientras que las adjetivaciones como “fascista” y el anuncio de próximas “agresiones imperialistas” ya causan rubor vergonzante entre los maduristas más tímidos o discretos, en tanto que el resto de la gente lo toma como pretexto para nuevos chistes.

Entonces, que quede claro: no está planteado en lo inmediato un golpe de Estado que signifique una ruptura decisiva con esa élite beneficiaria del régimen que se lista en el primer párrafo, pues sería absurdo que se ajusticiaran a si mismos. Pese a todas las dificultades y la obtusa gestión del equipo gobernante, aún quedan márgenes para que dentro del capitalismo y aplicando medidas de ajuste capitalistas con las que todos los que hoy ejercen o compiten por el poder estatal están de acuerdo, los herederos del chavismo – con o sin Maduro – podrían recuperar la gobernabilidad plena. Puede que la perorata de “socialismo”, “poder comunal” y “poder popular” siga en uso o no (es detalle menor), pero de ningún modo cabe creer que boliburgueses y “enchufados” al mando van a ir por otra ruta que no sea aquella que les conceda garantías e impunidad. Ahora, más que bajo el caudillaje de Chávez, todo apunta a que esa ruta pase por acuerdos políticos con la oposición, y en Venezuela eso significa dar acceso más amplio al maná petrolero. Ya lo hicieron con Lorenzo Mendoza y con ese sector de burgueses que en estos años se olvidó de arriesgarse con la producción, para vivir ahora de las tetas pródigas de CADIVI y la especulación cambiaria. También está el arreglo con los agentes financieros internacionales y los costosos chinos, quienes ayudarían a salir del atolladero pero imponiendo sus condiciones.

Por nuestro lado, antes de que se impongan planteamos un claro rechazo a las medidas de ajuste por venir, donde una vez más los de abajo, los de siempre, pagaremos los platos rotos, como se acostumbra sea bajo el capitalismo neoliberal o bajo este capitalismo de Estado. Seguiremos en la brega por potenciar alternativas reales de autonomía para las mayorías, esas que de algún modo se han anunciado en el vigor, entusiasmo e ingenio que de tantas maneras se han expresado en estas protestas. Parte de esa tarea ha sido acompañar los eventos, presentar públicas evidencias y denuncias de la brutalidad represiva del Estado, así como mostrar lo que esté a nuestro alcance para entender y analizar lo que han sido estos acontecimientos. Pero más importante es seguir esforzándonos para que el mayor número de personas, en todos los ámbitos donde tengamos presencia e incidencia, comience en conjunto a concebir y construir soluciones a los problemas que les afecten, que vengan de ellas y no de dirigentes para quienes su máxima prioridad es el beneficio propio y de sus compinches cercanos.¡AUTONOMÍA, AUTOGESTIÓN, ACCIÓN DIRECTA Y SOLIDARIDAD!

Venezuela, 6 de marzo de 2014

Nicolas Maduro: "¡No al sabotaje, no al anarcosindicalismo!"

El presidente de Venezuela, en unos de sus habituales mitines, en el mes de octubre, molesto con las reivindicaciones sindicalistas en su país, y las tácticas del anarcosindicalismo (huelgas, acción directa,...) amenaza públicamente: "No voy a tener debilidades frente a sindicalistas, no lo voy a permitir. ¡Abajo el sabotaje! ¡Abajo el anarcosindicalismo!":

https://www.youtube.com/watch?v=z0GkJ7ekwe8


8/3/14

8 de marzo: nada que celebrar, todo por ganar.


Este 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, no hay nada que celebrar y sí todo por ganar. El 8 de Marzo debe servir para recordar a los explotadores y explotadoras que la mujer trabajadora sigue en la lucha y que no va a ceder en la reivindicación de sus derechos.

La mujer trabajadora sufre de manera más contundente la explotación, la desigualdad y la pobreza en este mundo regido por el capitalismo, más aún si cabe en momentos de crisis o de reestructuración del modelo capitalista como el que actualmente sufrimos.

Las mujeres trabajadoras ven ahora cómo se las presiona para retirarlas del mundo laboral, conminándolas a volver al ámbito de lo doméstico, insistiendo con discursos que valoran la maternidad y el papel de cuidadora que históricamente les han sido adjudicados. En los momentos actuales trabajar es un derecho que no debería cuestionarse, pues es el salario lo que nos garantiza la autonomía sin estar condenadas a la dependencia económica de otras personas.

En este contexto podemos pensar que la reforma de la Ley del Aborto no es gratuita, ya que va a significar que a la mujer se le imponga la maternidad y la vuelta al hogar aunque no lo desee. Por si no tuvieran bastante con sufrir las consecuencias de la Ley Mordaza, como el resto de los trabajadores, a las mujeres se las acusa políticamente de ser las culpables de los abortos, en un intento de despreciarlas y discriminarlas socialmente.

Este 8 de marzo, no sólo tenemos que luchar para avanzar en la conquista de derechos y la igualdad real entre hombres y mujeres, sino que nos vemos obligados a defender un derecho adquirido tan importante como el del aborto. Rechazamos el ataque a la autonomía de la mujer de los sectores más retrógrados del poder político, económico y religioso de este país. Pretenden anular el derecho al aborto sin importarles las consecuencias en nuestras vidas. Quieren imponer sus valores morales, tan reaccionarios como controladores, sobre las personas, sus cuerpos y su sexualidad; en definitiva, conducir otra parte más de nuestras vidas para sus propios intereses.

Por otra parte, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora debemos recordar a esas compañeras que fueron asesinadas, encerradas en la fábrica a la que prendieron fuego los empresarios, por reclamar sus derechos laborales, para que nadie olvide que la mujer siempre fue activa en la lucha. Desde el primer momento se sumó al movimiento obrero, enfrentándose a una doble batalla para ellas, ya que aparte de oponerse a los explotadores tuvieron que bregar ante la resistencia que no pocos compañeros mostraban a su incorporación al mundo sindical y del trabajo.

Desde el anarcosindicalismo reconocemos y alentamos a la lucha a las mujeres obreras, por su derecho a trabajar y ser independientes, por tener igual salario por igual trabajo, por ser dueñas de su cuerpo y su vida.

Quien piense que es una lucha vana, o la menosprecie, por considerar que con ella se reclama ser tan explotada como lo son los hombres, parte de la premisa de que la mujer trabajadora conquistará su libertad al mismo tiempo que los hombres trabajadores, cuando por fin tengamos una sociedad anarquista. Pero si no luchamos juntos esa sociedad no será realmente anarquista. Para que eso ocurra es obligación de todas y todos luchar por la igualdad entre trabajadores y trabajadoras, sin ambages.

Es nuestra obligación como anarcosindicalistas quitar la venda que impide ver que la actual situación laboral de las trabajadoras es sinónimo de más precariedad, desigualdad salarial, contratos parciales y sectores laborales totalmente separados por género. Además no puede ignorarse el acoso laboral que sufren las mujeres obreras, intolerancia, sexismo, etc, por el mero hecho de ser mujer.

Igualmente podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la pobreza tiene nombre de mujer.

La organización sindical de las mujeres trabajadoras es fundamental para lograr nuestros objetivos. Mujeres y hombres de la CNT compartimos el deseo de transformar esta sociedad patriarcal, competitiva, explotadora e injusta.

Queremos una sociedad nueva, muy diferente a la que hoy conocemos, una sociedad de iguales, sin explotados ni explotadores.

Y para conseguirlo, en la clase trabajadora debemos organizarnos sindicalmente para empezar a lograr esa transformación a la que aspiramos, juntos, reconociendo la explotación que sufren las compañeras por el mero hecho de ser mujeres.

En nuestras manos está demostrar a las mujeres trabajadoras que en la Anarcosindical están en pie de igualdad con los hombres en la lucha.

Salgamos a la calle, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, todos y todas, con el mismo ímpetu que lo hacemos en el Primero de Mayo, para dejar bien claro que como clase trabajadora no vamos a renunciar a lo que consideramos que es nuestro, que nos pertenece. Como mujeres trabajadoras tenemos todo por ganar.

¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!