28/2/21

EL ESTADO ESTÁ ASESINANDO A DIMITRIS KOUFONTINAS

 EL ESTADO ESTÁ ASESINANDO A DIMITRIS KOUFONTINAS


Dimitris Koufontinas, que está en huelga de hambre desde el 8 de enero, y cuyo estado de salud es ahora crítico, se enfrenta a su exterminio calculado, una clara opción política delgobierno de Nueva Democracia. Los mecanismos del Estado, que han estado invirtiendo en la fascistización, la explotación brutal y la intensificación de la represión contra cualquier forma de
resistencia social, atacando constantemente al movimiento anarquista, están ahora esculpiendo una horrible realidad en el cuerpo del huelguista de hambre.
Una realidad en la que la vida de un preso político se pondera en la balanza de la agenda política de extrema derecha de un régimen en decadencia generalizada. Estxs tiranxs sedientxs de poder, que han decidido condenar a muerte al huelguista de hambre, son los que han ido imponiendo el empobrecimiento y los campos de concentración, en los que lxs niñxs pequeñxs corren peligro por el frío, y han propiciado el tráfico en todas sus formas, desde la explotación sexual hasta el abuso de menores. Son ellxs lxs que han estado deteniendo y golpeando a cientos de personas cada día en todo el país, porque "se atreven" a protestar.
La prohibición de las protestas políticas, mientras lxs trabajadorxs se agolpan en los lugares de trabajo y en los transportes públicos, demuestra que, para lxs gobernantxs, la pandemia no es más que una herramienta de imposición. La muerte de miles de personas durante la pandemia es el resultado de sus políticas, orientadas al lucro y al control, que han llevado a la disolución
del sistema de salud pública y han impuesto el hacinamiento en los lugares de trabajo y en los mercados. Las operaciones autoritarias, en forma de toques de queda, ataques contra lxs manifestantxs, persecuciones continuas y aumento de los cargos, son pasos hacia la instauración del totalitarismo moderno. La escalada de la rabia social se expresa en este momento en las continuas y persistentes movilizaciones de cientos de personas, principalmente del movimiento anarquista, contra la represión y en solidaridad con la huelga de
hambre, pero también en las protestas masivas contra la reestructuración de la educación pública. Se expresa a través de pequeños y grandes actos de resistencia, que se multiplicarán.
La huelga de hambre de Dimitris Koufontinas y la posibilidad de que pierda la vida a manos del Estado, es un punto de no retorno. Para lxs autoritarixs, que ratificarán así la imposición del Estado fascista declarando una guerra de consecuencias imprevisibles, teniendo como primera víctima a un preso político. Para el pueblo de la lucha y toda la sociedad, que encontrarán en
su contra lxs asesinxs de Koufontinas, sus opresorxs, totalmente incontenibles.

¡Dimitris Koufontinas debe vivir,
su lucha debe vencer!

Anarchist Political Organization (APO) - Federación de colectivos

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Contra el estado de excepción para lxs presxs políticxs

El Estado está asesinando al huelguista de hambre y sed Dimitris Koufontinas. ¡Resiste! Inmediato cumplimiento de su demanda de ser tranferido a la prisión de Korydallos

Desde el 8 de enero, el preso político D. Koufontinas está en huelga de hambre, resistiendo al totalitarismo estatal, que intenta vengativamente imponer un estado de excepción contra él y contra todxs lxs que son objetivo de la represión estatal. El 22 de febrero, pidió a lxs médicxs de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de Lamia que le quitaran los tubos del brazo
que le hidrataban, ya que no podía beber agua, debido al agotamiento. En contra de las continuas operaciones represivas y de la intimidación ideológica y la propaganda de los medios de comunicación que las acompañan, D. Koufontinas optó por resistir iniciando una huelga de hambre, exigiendo su derecho indiscutible, concedido incluso por la última ley autoritaria que
vulnera los derechos de lxs presxs políticxs, su traslado a la prisión de Korydallos.
La continua expansión del estado de excepción sobre lxs presxs políticxs es parte del ataque más amplio a los derechos de lxs presxs y del horrible escenario en las cárceles, configurado
por el Estado durante la pandemia. Además, forma parte del ataque generalizado del Estado contra la resistencia social y de clase y las luchas, para imponer una distopía de intensificaciónde la explotación, la represión y la sumisión.
Contra la brutalidad estatal y capitalista y las operaciones contrarrevolucionarias para la imposición del totalitarismo moderno, la lucha de D. Koufontinas, como cualquier otra lucha porla vida, la dignidad, la libertad, la salud y la educación... ¡es la lucha de todxs!

¡LA SOLIDARIDAD ES NUESTRA ARMA!

20/1/21

 


https://www.portaloaca.com/historia/ii-republica-y-guerra-civil/15325-casas-viejas-la-insurreccion-obrera-en-un-pequeno-pueblo-andaluz-en-1933.html





En el pequeño pueblo gaditano de Casas Viejas (actualmente conocido como Benalup-Casas Viejas) sucedió en el invierno de 1933 uno de los episodios más sangrientos y crueles de la Segunda República española antes de la Guerra Civil. Este artículo histórico pretende acercar aquellos hechos para poner en valor la memoria colectiva del pueblo en lucha contra el capitalismo en la historia contemporánea.

Los sucesos que tuvieron lugar entre el 10 y el 12 de enero de 1933 han pasado a la historia como la Masacre de Casas Viejas, que conmocionó por la crudeza de la represión contra los jornaleros gaditanos a toda la sociedad española, y abrió una enorme crisis política en el gobierno de Manuel Azaña, que perdió numerosos apoyos políticos y que conduciría meses después a la caída del gobierno republicano-socialista.

Contexto histórico: Segunda República española

El 14 de abril de 1931 se había iniciado la Segunda República española, un régimen político único en Europa junto con la República alemana de Weimar, que ponían en práctica las recetas de la social-democracia en el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial. El gobierno republicano puso en marcha unas medidas que trataban de instaurar un proyecto político burgués pacificador con una tendencia reformista y progresista. Por un lado calmaban los conatos revolucionarios de la numerosa clase obrera organizada y concienciada, y por otro lado, frenaban los procesos autoritarios y reaccionarios militaristas y fascistas, pretendiendo un gobierno conciliador para las clases medias.

El anarquismo español, representado fundamentalmente por la CNT-FAI, en un principio encontró favorable el nuevo marco de libertades que ofrecía la República para desarrollar las actividades libertarias, frente a la destronada monarquía de Alfonso XIII o la Dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, los anarquistas pronto comienzan a desconfiar de la República de tendencia burguesa, que promete reformas legales que no alcanzan las expectativas previstas por el pueblo y perpetua las desigualdades arraigadas en la sociedad española. Un buen ejemplo de esto mismo es la Ley de Reforma Agraria, impulsada por el ministro Marcelino Domingo y promulgada en septiembre de 1932, que pronto comienza a decepcionar a miles de trabajadores del campo, ya que no se cumplen las promesas sobre el reparto equitativo de tierras debido al poder fáctico de los latifundistas propietarios.

A finales de 1932 el movimiento anarquista opta por la vía insurreccional, poniendo en práctica lo que el libertario catalán, Joan García Oliver, llamaba la «gimnasia revolucionaria». Se promovió el 8 de enero de 1933 una huelga general, pero esta insurrección generalizada no tuvo un seguimiento muy amplio. El Ejército y la Guardia Civil tomaron posiciones estratégicas en los lugares donde se preveían desórdenes y los dirigentes anarquistas fueron detenidos. Más allá de algunos choques con las fuerzas del orden y barricadas en Barcelona, y levantamientos en pueblos aragoneses, valencianos y andaluces, no se logra despertar una revolución social. La CNT reconoce que la emancipación del pueblo deberá otorgarse de una organización mejor coordinada y más amplia.

Insurrección en Casasviejas, la luna de luto se vistió

En la provincia de Cádiz hubo algunos comités anarquistas locales que protagonizaron levantamientos de campesinos, concretamente en la pequeña población de Casas Viejas, cercana a Medina Sidonia, la noche del 10 de enero y su inmediata madrugada, un grupo de campesinos afiliados a CNT iniciaron una insurrección en el pueblo. La mañana del 11 de enero rodearon el cuartel de la Guardia Civil, armados con escopetas y pistolas, donde se encontraban un sargento y tres guardias. Tras exigirles que se rindieran en nombre del comunismo libertario, se produjo un intercambio de disparos en el que el sargento y un guardia civil resultaron gravemente heridos, muriendo al día siguiente. Inmediatamente los anarquistas del municipio toman el ayuntamiento para deshacerse de los registros de propiedad de los latifundistas locales, además de comenzar a organizar la ocupación de las tierras para el pueblo.

Sin embargo, a media mañana de ese 11 de enero llegan noticias de la pronta llegada de un destacamento de doce guardias civiles al mando del sargento Anarte desde Medina Sidonia que liberara a los guardias civiles en el cuartel y tomaran el pueblo. En Jerez de la Frontera, una compañía de la Guardia de Asalto enviada por el gobierno republicano, y al mando del capitán Manuel Rojas, fueron informados de que la línea telefónica en Casas Viejas había sido cortada. Un grupo de doce guardias de asalto y cuatro guardias civiles, al mando del teniente Gregorio Fernández Artal, se encaminaron a media tarde como refuerzo de los guardias civiles apostados ya en el pueblo. Temerosos de las represalias, muchos vecinos huyeron y otros se encerraron en sus casas, pero el recién llegado destacamento de guardias de asalto comenzó a detener a presuntos responsables del ataque al cuartel de la Guardia Civil, entre ellos Manuel Quijada, a quien supuestamente habían visto disparando a los guardias civiles. Después de golpes y torturas, dos vecinos acusaron a la familia de Francisco Cruz Gutiérrez, conocido en el pueblo como «Seisdedos», un carbonero de setenta y dos años, que frecuentaba con sus hijos y su yerno la sede del sindicato CNT en el pueblo.

El «Seisdedos» se había refugiado en su casa junto a su familia, una choza de barro y piedra con techo de paja. Viéndose acorralados y al intentar forzar la puerta las fuerzas del orden, los que se encontraban en el interior se defendieron disparando y un guardia de asalto cayó muerto. Esa misma noche, llegó al pueblo una unidad compuesta por cuarenta guardias de asalto, al mando del capitán Manuel Rojas, que había recibido la orden del Director de Seguridad en Madrid, Arturo Menéndez, para trasladarse desde Jerez y poner fin a la insurrección en el campo andaluz abriendo fuego «sin piedad contra todos los que dispararan contra las tropas».

El capitán Manuel Rojas, dio la orden de disparar cruelmente de madrugada hacia la choza donde se refugiaba la familia del «Seisdedos» y después la incendiaron. Además, dos de sus ocupantes huyendo del fuego fueron acribillados, y otras seis personas quedaron calcinadas en el interior de la choza, entre ellas el propio «Seisdedos», sus dos hijos, su yerno y su nuera. La única superviviente fue su nieta de dieciéis años, María Silva Cruz, conocida como «La Libertaria», que logró salvar la vida al salir de la choza con un niño en brazos antes del incendio. Esa madrugada el capitán Rojas envió un telegrama a Madrid anunciando que la insurrección había sido aplastada. Además, ordenó a tres patrullas que detuvieran a los militantes más destacados del pueblo y que dispararan ante quien se resistiera, a instancias de las informaciones aportadas por los caciques locales. Las doces personas detenidas fueron llevadas ante la choza calcinada y les mostraron al guardia de asalto muerto, a continuación el capitán Rojas ordenó el asesinato a sangre fría de inmediato de los que habían sido hechos prisioneros. A las pocas horas las fuerzas del orden público desplegadas abandonaron el pueblo, la masacre había finalizado con un saldo de diecinueve hombres, dos mujeres y un niño muertos.

Testimonio oral de la nieta superviviente de «Seisdedos», sobre los hechos que acaecieron aquella noche en el pueblo gaditano: «Cuando empezó el asedio yo estaba enfrente de la choza. Se me acercó un guardia civil para decirme que era una puta, que nosotros teníamos la culpa de todo y que me iba a reventar la tapa de los sesos… Después empezaron a gritar a quienes estaban en la cabaña. Les urgían a salir y a entregarse, aunque la puerta estaba abierta. Eran los guardias quienes no se atrevían a entrar por cobardes. Así que decidieron empezar a disparar y a prender fuego al techo de paja. Escuchábamos los alaridos de la gente y veíamos arder la choza. Se escuchaban terribles lamentos. También podía sentirse el olor a carne quemada. Había sangre por todas partes. ¡Qué horror!»

La verdad sobre esta brutal represión en Casas Viejas tardó en conocerse, ya que al principio las versiones que otorgaban las propias fuerzas del orden implicadas en los sucesos eran contradictorias. Todos los mandos intermedios y actores directos de la masacre trataban de justificarse dada la gran magnitud de los hechos, siendo el principal responsable político el Director de Seguridad en Madrid, y el gobierno republicano de Manuel Azaña en su conjunto.

Una vez que se conocieron los hechos a los pocos días en el resto de España, se produjo un gran escándalo periodístico y parlamentario que conmocionó a la sociedad española en su conjunto. El espectro ideológico de derechas, aunque profundamente de acuerdo con la mano dura a los anarquistas, utilizaron mediáticamente los sucesos para alzarse como alternativa de gobierno en la República española, prometiendo que con ellos la paz y el orden estarían asegurados. Una mayoría de las Cortes aprobaron la creación de una Comisión investigadora sobre los sucesos a finales de febrero de 1933. El 15 de marzo, la Comisión elaboró un informe definitivo en el que se reconoce la existencia de los fusilamientos pero exculpa al Gobierno. A pesar de superar favorablemente esta investigación parlamentaria, el gobierno de Manuel Azaña no pudo superar políticamente este escándalo y le sería enormemente perjudicial, suponiendo la pérdida de confianza por parte de la clase media española. En noviembre de 1933 ganó las elecciones la coalición radical-cedista conservadora, iniciándose el conocido como bienio derechista de la República española.

El sindicato CNT lanzó una campaña contra la represión y la política dictatorial del gobierno republicano, se exigía la liberación de los presos, y la derogación de leyes contra las libertades fundamentales como la promulgada en abril de 1932, Ley de Defensa de la República, que era en muchas ocasiones utilizada contra las actividades de la clase obrera. Tras la represión en Casas Viejas, en el seno del anarquismo español se abre un intenso debate sobre las vías reales para acabar con el capitalismo. El incremento de las ideas revolucionarias entre las clases populares tiene su expresión práctica en la Revolución de Asturias de 1934, un aviso por parte de los obreros de que el comunismo libertario no está tan lejos como parece. El Golpe de Estado de julio de 1936 no es contra el gobierno republicano, sino contra la efectividad de las expectativas del movimiento obrero, que militares y burgueses veían el peligro de que triunfaran.

Durante varias décadas, los sucesos de Casas Viejas fueron un hecho histórico muy poco conocido. Se ocultó durante el periodo franquista, cayendo en el olvido, y se convirtió en un completo tabú por omisión del relato oral de quienes vivieron aquellos sucesos. Este silencio fue impuesto forzadamente por las instituciones, el pueblo de Casas Viejas enmudeció debido al miedo de la población campesina impactada por un acontecimiento trágico de carácter político y represivo.